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"Colombia en el contexto internacional"
Palabras pronunciadas por el Encargado de Negocios, Milton Drucker, ante la Conferencia "Colombia a los ojos de Wall Street"
Salón Rojo del Hotel Tequendama, Bogotá
28 de junio de 2007
Señor Viceministro de Relaciones Exteriores, Camilo Reyes
Señor director de Crédito Público, Julio Torres
Señora Susan Segal, presidente de Americas Society y Council of the Americas
Señor Sergio Clavijo, presidente de ANIF
Señor Mauricio Santamaría, subdirector de Fedesarrollo
Señor Steven Donehoo, director de Kissinger McLarty Associates
Estimados panelistas, todos mis amigos, todos
Deseo agradecer a ANIF, a Americas Society, Council of the Americas, y a Fedesarrollo por permitirnos una oportunidad para compartir opiniones sobre Colombia hoy.
En 1999, cuando trabajaba en el Departamento de Estado pensando sobre Colombia, existía el temor de que Colombia estuviera perdiendo la batalla contra el narcoterrorismo. Es cierto que Pablo Escobar ya era un recuerdo lejano, pero los terroristas se habían apoderado del narcotráfico para financiar sus actividades perniciosas, y erosionaban continuamente la confianza de los colombianos en sus instituciones y su propia habilidad para sofocar la amenaza terrorista. Bogotá iba en camino a convertirse en una isla en un mar de terrorismo. Era difícil viajar por carretera en el país. La exploración de los recursos naturales había disminuido casi a paso de tortuga por los problemas de seguridad que la dificultaban. La economía pagaba un precio alto por el terrorismo y luego llegó la crisis de Brasil, y la economía de Colombia recibió un golpe externo que poco tenía que ver con Colombia, pero que sin embargo era devastador para este país. Los colombianos se atrevieron a pensar que podrían lograr lo imposible. Cuando el famoso compositor Charles Ives se enteró por otros pianistas que su música tenía demasiadas notas y que era imposible de tocar, Ives respondió que no era su culpa que los pianistas sólo tuvieran diez dedos y les sugirió conseguirse otro teclado para ampliar su alcance. Los colombianos extendieron su alcance. Lograron lo que otros consideraban imposible.
Al apreciar el paisaje colombiano, lo que ahora veo es otro país completamente diferente: uno con un alto crecimiento económico sostenido (culminando con un índice de crecimiento del 8 por ciento en el último trimestre), instituciones democráticas prósperas, un terrorismo forzado a retirarse y un comercio de drogas en decadencia, y personas llenas de confianza en su propia habilidad para darle forma a una nueva Colombia. Además, esta Colombia está jugando un papel en la región que acomoda a uno de los actores económicos más fuertes en América Latina.
En 1999, el gobierno de Estados Unidos empezó a pensar en lo que había que hacer en Colombia para evitar el desastre. Un sabio ex Embajador me recordó sobre un policía que vio a un macroeconomista buscando algo cerca de una lámpara en la calle. El policía le preguntó a nuestro economista si había perdido algo. El economista le respondió: "Perdí mis llaves en el callejón". El policía le preguntó que por qué entonces buscaba al lado de la lámpara. El economista le respondió, "Es más fácil buscar aquí". Me di cuenta que la respuesta a los problemas de Colombia estaba en Colombia, y no en Washington, y es justo decir que Colombia está encontrando sus llaves.
Quisiera citar un ejemplo de mi propia experiencia tomado de mis últimas dos semanas en Colombia. Viajé a Santa Marta a una conferencia para enterarme cómo el Gobierno está combinando actividades civiles y militares para asegurar que el Ejército no sólo despeje el lugar de terroristas, sino que a medida que la tierra sea despejada, regrese el gobierno legítimo. Viajé hasta el municipio de Pitalito, al sur del departamento del Huila, para ver de primera mano cómo el programa de desarrollo alternativo de la USAID está ayudando a los campesinos locales que dan muestra del típico espíritu empresarial colombiano, a desarrollar nuevos mercados para su valioso producto. Los gobiernos de allí están facilitando todo su apoyo. Pero lo que me pareció más interesante fue lo que sucedió cuando le pregunté a algunos campesinos sobre su seguridad. La pregunta pareció sorprenderles. Ya no tienen problemas para llevar el fruto hasta una planta de procesamiento, ni su café al mercado. En este entorno FEDECAFÉ, con algo de ayuda de la USAID, le está enseñando a los pequeños campesinos a mejorar dramáticamente la calidad de lo que cultivan, mostrándoles cómo captar una porción grande del valor final del mercado para ese producto. No producen café corriente; producen un café de alto precio, tan diferente de los cafés comerciales como el champagne lo es del vino de mesa. ¡Le sé. Lo he probado! Y es delicioso. Y los campesinos están recibiendo hasta $7 dólares por libra. Esto es lo que la seguridad puede lograr por el desarrollo económico. En la nueva Colombia integrada por las más recientes tendencias del resto del mundo, la creciente seguridad permite a los colombianos de todos los niveles socioeconómicos a mejorar sus ingresos; y cambiar su estilo de vida. Al sur del Huila, los campesinos se están pasando a frutas de mayor valor como la mora, la granadilla y el tomate de árbol, entre otras. Y la gente de la región está encontrando empleo procesándolas para convertirlas en sabrosas pulpas de fruta; trasportarlas y venderlas. Éste es el desarrollo económico verdadero. Es el desarrollo de base, y ofrece la oportunidad de que los colombianos de los sectores rurales cumplan con sus sueños y participen en una economía de mercado creciente.
Pero no se trata sólo de una nueva Colombia para los campesinos tradicionales. Cerca a Santa Marta también visité una aldea de indígenas donde el gobierno proporcionó mejor calidad de vivienda consistente con las tradiciones y los valores indígenas, prestando un mejor servicio de salud, tanto moderno como tradicional, y educación en español y los dialectos indígenas. La aldea que visité es la primera de varias aldeas indígenas que el gobierno planea construir, con el apoyo de la región. Existe un respeto obvio por las tradiciones locales con oportunidades de que los indígenas se beneficien del mundo moderno.
Deseo aclarar que estos no son ejemplos sobre cambios graduales en Colombia, sino sobre un cambio cualitativo que está reformando la sociedad en formas fundamentales. La Colombia nueva es una sociedad inclusiva. Hace poco la Embajada empezó a ayudar a las poblaciones necesitadas de la Costa Pacífica. El gobierno aceptó nuestro interés y hace poco el presidente Uribe tuvo la iniciativa de organizar un Consejo Comunal en Cali, al que asistieron casi mil afro-colombianos. El presidente Uribe presentó algunos de los programas de gobierno que podrían ayudar a los afro-colombianos en el Pacífico, y escuchó sus inquietudes. Se han presentado muchos problemas con las invasiones ilegales de tierras comunales que estaban a manos de comunidades afro-colombianas. La respuesta del gobierno ha sido clara. Hace poco se tomaron varios pasos importantes para regresar las tierras comunales a sus legítimos propietarios, empleando el estado de derecho y procesos transparentes.
Ahora muchos preguntarán ¿qué tiene que ver todo esto con los negocios en Bogotá? Primero, muestra el triunfo del Estado de derecho. Segundo, la naturaleza inclusiva de la política de gobierno significa que la política de Colombia es democrática y estable. Tercero, los dividendos de la Política de Seguridad Democrática están justificándose en un dramático cambio económico. Cuando se firma un contrato, éste será respetado y ejecutable. El gobierno vive por el Estado de derecho también. El gobierno no es como nuestro economista que busca las llaves cerca a la lámpara, donde es más conveniente. El gobierno de Colombia busca respuestas donde pueden encontrarse.
Ya pasaron los días en que los colombianos describían a sus compatriotas como "los del otro lado de la calle", refiriéndose a las personas de estratos sociales diferentes a los suyos. El gobierno de Colombia implementó un impuesto al patrimonio, o a la riqueza, para pagar las inversiones a la seguridad y la inversión social, y fue implementado suavemente, recibiendo un amplio respaldo, incluso de los que debían pagarlo. Esos recursos permitieron que los gastos del gobierno en salud, vivienda y educación incrementaran al ocho por ciento del PIB, más del doble del gasto en seguridad. Estos esfuerzos disminuyeron el índice de pobreza del 56 por ciento en 2002, al 45 por ciento en 2006; y la pobreza extrema disminuyó del 22 al 12 por ciento en ese mismo período. Programas como el de Acción Social, Familias en Acción y Bogotá sin Hambre, han tenido un impacto perceptible en cerrar la brecha social.
Simplemente doy algunos ejemplos, pero podríamos crear una larga lista de cómo el gobierno de Colombia se está convirtiendo en una democracia industrial y moderna. Lo que estamos viendo ahora es a la vieja Colombia dando a luz a la nueva Colombia. Dar a luz no es fácil. Es igual de duro para la vieja Colombia como lo es para la nueva, pero el resultado final será una sociedad moderna y pluralista, con toda la gente pudiendo incrementar su prosperidad a un ritmo constante, eliminando definitivamente a los grupos armados al margen de la ley, atendiendo las necesidades sociales y jugando un papel en un mundo proporcional a su nueva confianza.
Colombia cuenta con una larga y estable tradición democrática de elecciones libres y justas, reafirmada una y otra vez por observadores internacionales. Las elecciones aquí no son perfectas. Pero el contexto es difícil, y a pesar de los enormes retos para realizar elecciones en la vasta extensión de Colombia, con grupos armados hostiles al acecho, todos concuerdan en que las elecciones son un reflejo exacto de la voluntad del pueblo. Como la democracia más antigua de América Latina, Colombia ha dado ejemplo de cómo la democracia puede enfrentar con éxito, y enfrentar los retos de la inigualdad social y la violencia desestabilizadora. Los debates que se están llevando actualmente a cabo en el Congreso demuestran la vitalidad de las instituciones. El debate público sobre el papel de varias instituciones está mostrando su independencia. Esta vitalidad puede ser fácilmente confundida con las dificultades, pero en cambio es una señal de una democracia vibrante que desarrolla un consenso sobre temas difíciles. Es un error ver este proceso como una falla en el sistema democrático, debido a que estamos viendo el proceso de toma de decisiones en el medio, así como es un error juzgar a una salchicha durante su producción. En otras palabras, no es un proceso agradable, pero el resultado será bueno.
Un elemento clave en todo este debate es que Colombia tiene un largo antecedente de respeto por la ley y el proceso legal, y en toda su historia ha demostrado una asombrosa estabilidad judicial. La nueva Colombia ha aceptado la transición al sistema penal acusatorio que ofrece juicios más rápidos, un proceso transparente, y logra estándares más altos de justicia para todos. La transición aún no ha terminado y no fue fácil. Decenas de miles de funcionarios de los organismos de seguridad, abogados, jueces y expertos forenses necesitan ser recapacitados en el nuevo sistema. Pero todos aceptaron el reto y ahora Colombia cuenta con un sistema de justicia penal menos propenso a la corrupción, y más justo.
Los resultados de esta responsabilidad son claros. Durante la crisis de la deuda en América Latina a finales de los años 80, a pesar de las dificultades ocasionadas por una crisis exógena, Colombia evitó la morosidad que plagó a las demás economías principales en la región. El 21 de junio, Fitch Ratings anunció que había subido su calificación de Colombia. Fitch anunció que el gobierno de Colombia contaba con una tolerancia a la deuda considerablemente mayor, debido a su "impecable registro de servicio de la deuda". El informe también mencionó que el "dividendo de seguridad" de la política de seguridad democrática del presidente Uribe fue la fuerza motriz detrás de la mejora del clima de negocios y el rápido crecimiento del PIB en el país. Creo que Colombia está al borde del grado de inversión codiciado al que llegan los mejores deudores internacionales.
Uno de los logros de mayor orgullo del programa de EE.UU. en Colombia ha sido nuestro trabajo conjunto en la construcción de las instituciones. Nuestra asistencia antinarcóticos y militar, y los programas de entrenamiento, han ayudado a Colombia a fortalecer y a desarrollar a su Ejército colombiano y a su Policía Nacional.
Proyectos menos conocidos son los que tenemos con la Administración de Aduanas, en la reforma reguladora de diversos ministerios, y similares. Desde una perspectiva estadounidense estos esfuerzos han tenido éxito porque hemos trabajado con instituciones que cuentan con bases fuertes. El gobierno de Colombia cuenta con funcionaros e instituciones dedicadas, y de talla mundial.
Desde la presidencia de César Gaviria, Colombia ha seguido una política de apertura económica para proporcionar a los consumidores más productos a precios más bajos. Muchos gobiernos tratan el libre comercio como si fuera llegar al cielo. Es una buena meta, pero no una a la que se quisiera llegar con demasiada rapidez. Colombia rechaza esa noción. La política de comercio abierto fue aumentada con los acuerdos comerciales. El año pasado, Colombia firmó un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y se están preparando otros con otros países. El que Colombia adopte la economía global es un voto de confianza en la competitividad de sus industrias locales, y extiende una fuerte bienvenida a los negocios extranjeros interesados en este mercado.
A los colombianos les importa mucho, y cada vez están más y más interesados en vincularse en temas sociales y políticos. El número de organizaciones no gubernamentales involucradas en la reducción de la pobreza, las iniciativas de paz y el desarrollo educativo y comunitario, es asombroso. Las iniciativas del sector privado, como Conexión Colombia y Yo creo en Colombia, han ayudado a apoyar el orgullo de ser colombiano. Los actores en la comunidad empresarial, incluyendo a General Motors, galardonado el año pasado con el Premio a la Responsabilidad Social en América Latina del Departamento de Estado de Estados Unidos, ha venido generando empleo y oportunidades económicas para los desmovilizados y los desplazados, en apoyo al proceso de paz de Colombia.
Cuando me piden hablar en un foro público, con frecuencia me piden que lo haga sobre la cooperación entre Estados Unidos y Colombia en asuntos de narcóticos o seguridad. Estos son intereses comunes de los dos países, y nuestros esfuerzos conjuntos reciben mucha atención del público, como debe ser. Pero hoy quise ofrecer algunas perspectivas adicionales sobre Colombia de alguien que ha tenido el placer de trabajar aquí por más de tres años y medio, y que tiene grandes expectativas sobre las posibilidades que presenta el futuro.
En la última década, los adelantos democráticos en América Latina han sido desafiados a medida que las poblaciones han visto frustrado el progreso para superar la pobreza, la inigualdad y el bienestar social. Además de esos problemas, Colombia ha luchado contra el crimen organizado, la violencia y el terrorismo internacional, como pocos de sus vecinos lo han hecho. El sistema democrático de Colombia no sólo superó los desafíos, sino que fue instrumental en resolverlos. En el contexto internacional, Colombia es modelo en la forma como las instituciones, los individuos y los socios internacionales pueden, a través de un sistema democrático, trabajar unidos para vencer los retos de la región.
La nueva Colombia jugará un papel mucho mayor en la lucha contra el terrorismo global de lo que los ciudadanos de la antigua Colombia jamás concibieron. La nueva Colombia está entrenando a la policía afgana en la lucha contra la droga, enviando a sus soldados a las misiones de los cascos azules de las Naciones Unidas, y asumiendo un papel de liderazgo para ayudar a los demás países en desarrollo a ver los beneficios de una economía abierta, y la importancia vital de la seguridad en un contexto democrático que respete los derechos humanos y las libertades individuales. Creo que Colombia está lista para asumir esos papeles. Y nosotros en Estados Unidos esperamos la oportunidad de trabajar con Colombia en el campo internacional para construir un mundo más seguro y próspero.
Quisiera terminar contándoles sobre los tres econometristas que se fueron de caza, y se encontraron con un venado grande. El primer econometrista disparó, y falló por un metro hacia la izquierda. El segundo econometrista disparó, y falló por un metro hacia la derecha. El tercer econometrista no disparó, pero exclamó jubiloso: "¡le dimos, le dimos!". Colombia apuntó y le dio al venado justo en el blanco.
Muchas gracias.


